Ayer que por primera vez me tomé en serio la posibilidad de colaborar para esta
bitácora pensaba qué descripción corta usar; la instrucción del ordenador fue tan clara como un “escriba en pocas palabras de lo que se trata el blog” y ¡zaz! cómo iba a saber yo de qué iba a tratar si a duras penas lograba conciliar el lenguaje informático con el mío. Sabía, eso sí, de la necesidad de plasmar de una vez por todas, en algun sitio todas estas vaguedades que vez en cuando acuden; hablar-articular-soltar caprichos a rienda suelta pa dejar rastro de mí.
Fue entonces que pregunté a un buen colega: ¿si yo fuera producto, qué slogan me pondrías? jajajaja, todo en nombre, dicho sea de paso, de la incursión tercermundista en la patética economía de mercado. Y si usté, buen lector, pensaba que la pregunta de por si era ampulosa, la respuesta no tuvo madre: “serías perfume” y la frase de vendimia algo así como “huella en la piel” porque -según este compa- “siempre quieres como dejar rastro” (((in crescendo el tono blof))) “si, o sea, leve, no super fuerte, pero algo así.”
Bien antes de continuar con la enredadera esta del título del blog, les dejo un sabroso tango, sí, sí, el de su padrino, que casi padrote, Al Pacino en Perfume de mujer. Pa luego ya entrar en disertaciones más acá.
Ok.
Pos además de las recomendaciones de mi compa por ser perfume pa decir aquí estuve yo, la verdad de las cosas, decidí postear porque hoy esperaba la luz verde del semáforo con un café Starbucks ((muy, muy blof)), andaba en esas cuando volteo de reojo a mi lado derecho y veo a una señora, también esperando la luz verde del semáforo, que sostenía un café del Seven… Ya no quise volver a mirarla, la diferencia de bebidas me incomodó bastante y creo que la mujer lo notó, porque a los dos segundos, intentando derribar la muralla -que acostumbrada estoy a poner entre mí y el mundo- me dijo:
“¿Disculpe señorita, qué perfume usa? Porque huele delicioso.”
Sentí morir.
Por eso y pa terminar, los dejo con una inspirada de tres líneas.
El olor queda, va, penetra, castiga, empalaga. Ay, de ese olor perpetuado que viene cuando nombro, de ti cuando respiro sudor amargo, feromona, glándula cebácea. Olor de tarde hojarasca. De hombros y sexos fatigados, uno y sobre uno, otro, conspirando. Fuga siniestra, rehenes de cloaca.
Ya avanzaremos más.













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